lunes, 28 de julio de 2008

Abracadabra... foto!





Sí, ahora que empecé un taller de fotografía este año (mehagoelinteresante.com.ar), una cuenta pendiente que tenía, estoy meta y meta sacar con la reflex, a un rollo por semana (mehagodoblementeleinteresantesacandoconanalogica.com.ar), así que, abriendo este pequeño espacio a otras fuentes artísticas, voy a compartir con uds algunas fotos, siempre que salga algo pasable.

Y desde que empecé más o menos el curso, tengo la costumbre -la vida de soltero, como algunos saben, exige cierta programación de rutinas para darle sentido a un domingo-, como decía, la costumbre de salir con mi amigo Beltrán a recorrer lugares recónditos (la Reserva Otamendi en Escobar, Villa La Ñata sobre el Río Luján, la provincia de San Juan, San Fernando, y siguen firmas...) donde me saco las ganas.

Las que están arriba son dos o tres fotos de una incursión a Otamendi, sobre cuyo camino encontramos una estación de tren cuasi abandonada -pero no del todo- y un bar para pescadores sobre el río Luján, muy especiales ambos. Casi está de más decir que como se supone que son fotos artísticas, cualquier efecto particular viene a ser a propósito. No vaya a ser que venga alguno y me escriba "che, pero tal foto está borrosa", o "che, eso es solo una pared", y cosas de ese estilo. En fin. Uds saben.

sábado, 26 de julio de 2008

Sin título

Bajó a la calle decidido, casi con violencia, sosteniendo una valija negra. Caminó por la vereda -muy concurrida- unos cincuenta metros hasta la esquina y se detuvo. Levantó la cabeza hacia alguna de las ventanas del edificio de enfrente y miró la hora.

Menos de un minuto después, entre la gente que caminaba a paso ligero por la esquina de enfrente, apareció una mujer de vestido celeste con un carrito. Cuando llegó al borde de la esquina se detuvo. En ese momento, él dejó la valija apoyada en el suelo y cruzó la calle. Un instante después, la mujer cruzó con el cochecito en sentido contrario –no se miraron-, tomó la valija negra sin hacer ningún gesto, y la colocó dentro del cochecito. El hombre desapareció por la misma esquina donde había aparecido la mujer, y ella caminó en dirección al lugar desde donde había venido él.

El diariero de la cuadra vio toda la secuencia, y ahora le comentaba de sus sospechas a un cliente que esperaba por su ejemplar de Clarín.

-Mire mire, ahí pasa algo raro.
El cliente lo miró distraído.
-¿Qué cosa? ¿Cuánto es, jefe?
-Mire, mire, la señora, la del carrito, ¿vé que hace algo raro con la valija?

El cliente se dio vuelta sólo un segundo, a desgano, y se volvió.
-Jefe, ¿cuánto era?

Y entonces sonó el estruendo. Y la explosión.

Los medios anunciarían después cuarenta y seis muertos, quince desaparecidos y sesenta y nueve heridos. Entre los heridos estaba el diariero. Y el cliente. La onda expansiva los hizo volar y estrellarse contra el parabrisas y el capó del Duna que estaba a seis metros. El edificio hacia cuya ventana había mirado el hombre ahora era una enorme voluta de humo mezclada con polvo de cemento caliente.

Se llenó la esquina, corrieron personas como hormigas, hubo gritos desaforados, desborde de llantos. Sonaron sirenas toda la mañana y toda la tarde. La cuadra fue vallada.

Para entonces, él ya volaba a Posadas en el 2867 de Aerolíneas. Pasaporte uruguayo, valija marrón oscuro. Cuando bajó del avión lo esperaban unos hombres con un cartel que decía “Sr. Ordaz”. Se acercó a los hombres sin decir nada y caminó detrás de ellos hasta el estacionamiento. No necesitó adivinar cuál era: un Audi gris oscuro, bien diferente al resto. Estos tipos se creen muy Hollywood, pensó. Adentro del auto lo esperaba un hombre flaco, de aspecto desgarbado, su traje sin planchar. Cuando entró, le dio un celular abierto.

-Hola...
-Felicitaciones, Ordaz. Usted ya es noticia de los diarios.
No contestó.
-Igualmente -siguió el otro- le dije que el vestido de la mujer tenía que ser rojo. Tenía que llamar más la atención.
-¿Cómo dice?

En ese momento sintió un tirón muy fuerte hacia atrás, en la garganta, y se quedó sin aire. Después de forcejear un poco, el hombre del traje arrugado esperó quince segundos más trabando con toda su fuerza hasta que sintió que aflojaba, lo tumbó contra el asiento y recogió el celular.

-Listo, Señor. Asunto terminado.
-Perfecto, Gutiérrez.
-Soy Fernández, señor.
-Como sea, saludos.
Y cortó la comunicación.

La mujer del traje celeste llegó transpirando al departamento. Sin la calma de antes, largó el cochecito, cerró la puerta, buscó la valija, la abrió y vio, con los ojos desorbitados, los fajos de billetes. Entonces se sentó en el sofá para respirar hondo.

Lloró.
Casi en silencio, lloró como si quisiera evitar que alguien la oyera. Las cenizas se le habían impregnado en el vestido.

Desde la calle subió el rumor de bocinas y gritos. El departamento se le hizo extraño. Pensó en bañarse pero estaba todo sucio. Vio un diario apoyado en la mesa de la sala y fue a buscarlo. “Domingo 24 de mayo de 2009”, leyó: el diario de ayer. El hombre había estado el día anterior, había descansado, había comido y leído el diario en ese departamento. La sensación de incomodidad fue más nítida. Pensó en bajar a la calle pero reprimió el impulso.

Entonces agarró el teléfono, marcó el número que tenía anotado en el papel, y sin siquiera un “hola”, dijo:

-Los voy a mandar en cana, hijos de puta. No me dijeron nada. Van a ir todos en cana.

Entonces se quebró y colgó de un golpe.

viernes, 25 de julio de 2008

Vivir solo

De repente hay una parte de mi que me dice "che! pst! Che! Mirá que es viernes... Podrías estar de juerga, ¿no?, no sé que hacés ahí sentado frente a la computadora, llamá a tus amigos, armate algo, qué se yo, ponele onda."

Pero hay otra parte de mí que, casi al mismo tiempo, me dice "está perfecto, es viernes, estás cansado, tuviste jaleo en la semana y es un buen momento para encontrarse con uno mismo y hacer cosas más propias."

A lo que la otra parte de mí le contesta "¿pero qué le andás diciendo al pibe vos? ¿qué querés? ¿deprimirlo con esas fantasías berretas? ¡dejalo que viva a pleno! ¿no ves que el tipo vive solo en su departamento? ¡que aproveche su juventud!"

La otra parte de mí, con una ceja en alto, le retruca: "ah bueno, pero vos no entendiste nada, ¿vos te creés que vivir solo es estar de joda todo el tiempo? hay momentos y momentos para todo, papá; y el pibe no paró en toda la semana y necesita bajar un cambio; vivir solo es también pasar tiempo con la intimidad de uno mismo, aprender a disfrutar de los espacios propios".

-"Intimidad de uno mismo"! -repone la otra parte de mí-, ja!, "intimidad de uno mismo"... vos parecés Bucay, eso parecés, seguro que sos un reprimido que nunca pudo levantarse a una mina en toda su vida. O que se comió todos bagallos.

-Ah, pero claro! Si seguro que vos tenés mucha personalidad cuando no te estás tragando un litro y medio de cuba libre, o cuando no se te arma alguna salida. Vos lo que no te diste cuenta es que tenés la edad emocional de un adolescente de quince.

-Ah, bueh!, ¿ahora yo soy un adolescente?

-Sí, querido, un púber con el cerebro lleno de semen, sos. Eso sos! ¿Pero sabés qué? Acá estamos hablando de otra cosa, estamos hablando de que hay muchisimas cosas igual de interesantes para hacer con toda esa libertad, además de romper la noche. Pero seguro que vos no las conocés.

Las dos parte de mí se miran, me miran, y yo los miro con cara de que ya me fui de la conversación. Me molesta un poco que no se pongan de acuerdo. Así que los dejo que se maten mientras hago alguna otra cosita, como por ejemplo fumarme un par de secas y ver qué tengo ganas de hacer después.

Y bueno... supongo que vivir solo es un poco eso, no?. Aprender a saber lo que uno tiene más ganas de hacer en cada momento.

Salú, compadre. E buona forrrtunna.

Ignacius.

More big-balled than the pitgeons ("más boludo que las palomas")

I told iu mai frend. Dat de faquin zing uosent goin chu bi isi. Nooou. It ricuairs a lot of peishens. A lot of persistens. Dat is guot ai olueis sei: dat it isen litel poteitous for de parrot ("papita pa'l loro"). Noooou. Not iven with meni sticks ("ni a palos"). Bicos deris a bilif abaut dis is samzing sili. Bat not. Bi shuar dat not. I tel iu maiself. I sing iu de aqiureit ("te canto la justa"). Dats mai yob, of cors.

Güel, esqius mi. Perjaps aim not sein nazin veri intrestin.

Chiers.