viernes, 12 de diciembre de 2008

Reprimenda

-Usté, Barilari, usté, yo le voy a decir lo que es usté. Usté es un zángano, Barilari. ¿Me entiende? Se lo tengo que decir porque en algún momento alguien tiene que hacerlo. Un zángano es. A usté lo veo paseando expedientes por todo el piso, va de acá para allá, de oficina en oficina, todo con esa cara de tipo importante que pone, pero no hace nada. Mucha franela lo suyo, pero usté no hace nada, Barilari. Y yo lo veo, por supuesto, sí que lo veo. Pero también lo ve el resto, ¿sabe?; lo ve por ejemplo el Secretario de Cuentas Internas, que me comenta que usté anda todo el tiempo buscando a la chica de la cuatrocientos cinco; lo ve la señora Amaya, que no sabe qué tantos expedientes lleva, y me viene preguntar; lo sabe el Jefe de Personal, que se agarra la cabeza, porque sabe que usté está con cargo de planta pero sin responsabilidades. Y también lo ven los muchachos de Administración, que se la pasan jodiendo pero finalmente y por suerte son chicos leales, que saben cuándo hay que cuadrarse, ¿me entiende? Pero usté no, Barilari, usté es como un satélite perdido, me distrae a la gente que trabaja de verdad, y lo único que hace es ponerle la firma a cualquier cosa, y cuando se le canta trabajar, por supuesto. Porque lo único que sabe hacer si no, es darle charla a todos y comerse el almuerzo del resto porque tiene un primo ahí en la cocina. Y yo lo sé, Barilari, ¿se cree que no lo sé? Lo saben todos, amigazo, y usté parece que se creyera que nadie se da cuenta. O que pretendiera que todo siga igual. ¿Pero sabe qué pasa, Barilari? Las cosas cambian, mi amigo, los tiempos cambian. La gente se cansa y no tiene más ganas de seguir viendo en su lugar de trabajo a petulantes como usté, que zumban por todos lados sin ninguna función. Este es un espacio de trabajo, Barilari, ¡de-tra-ba-jo! ¿Sabe lo que es eso? No, no sabe, ¿no? No tiene idea. Si usté ni siquiera es capaz de meterse la camisa dentro del pantalón; anda por ahí, siempre desgarbado, con los pies sobre su escritorio lleno de porquerías, pero eso sí, eso sí, siempre con su Blackberry a mano, que para lo único que lo tiene es para perder el tiempo. Como si tuviera cosas importantes como para que lo llamen; siempre escuchando musica en su Blackberry y haciéndose el galán con la de la cuatrocientos cinco. Y también con las recepcionistas, claro, bajándoles línea de que usté conoce como nadie esta oficina, que sabe cómo apurar un expediente cajoneado, y todas esas estupideces que les dice, como si eso valiera algo. Como si eso fuese un mérito. Pero ya sabemos que usté no tiene mérito, usté no tiene cara, usté es un zángano, y no le voy a decir nada más porque creo que ya lo tiene bien claro; así que vamos al grano, y hágame el favor de sacarme eso y salirse de atrás que ya me duelen las rodillas y me quiero ir al baño de una vez. Siempre lo mismo con usted, Barilari, siempre el mismo desprolijo.

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viernes, 5 de diciembre de 2008

Imágenes comunes.

Folklore calor.


Objeto kitsch


Tristeza 1


Tristeza 2


Medusa